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Desintegración Positiva y sobredotación intelectual

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Las personas con sobredotación intelectual se plantean con gran profusión cuestiones existenciales como, por ejemplo, “¿cuál es el sentido de la vida?”, “¿tiene alguna finalidad la existencia?”, “¿por qué me siento profundamente diferente; acaso nadie contempla todo esto como lo hago yo?” o “¿vivir consiste realmente en dejarse llevar por la corriente de la cotidianeidad, de lo que hace la gente; no hay nada más?”.

Tienen una sensación de extrañeza y una intensidad y profundidad de pensamiento y emoción tales que su búsqueda y falta de respuestas hacen que surjan emociones negativas que a veces incluso paralizan a la persona en su vida cotidiana, haciéndola sentir sin rumbo, aislándola del mundo por no compartir las metas y valores de la mayoría, por no sentir comprensión de la visión amplia y profunda que tienen de sí mismos, de los otros y del entorno, y provocando sufrimiento psicológico.

Pero, ¿de verdad alguien se puede sentir profundamente diferente y tener un vértigo y un vacío existenciales tales que causen tanto dolor psicológico como para paralizarlo en ciertos periodos vitales sin tratarse de enfermedad mental?

Aunque algunos sujetos que conforman el grupo poblacional de las personas de altas capacidades -talentosas o superdotadas- pueden llegar a las consultas de salud mental aquejadas de alguna psicopatología (como puede ocurrir con cualquier otro individuo), la sobredotación intelectual no es una enfermedad mental, y la equiparación de genio y locura no es tampoco sino un mito. Con frecuencia, la causa de esas dificultades radica principalmente en el proceso de desarrollo de su personalidad, marcado por su propia naturaleza.

No obstante, mucha gente señala que la personalidad del individuo de alta capacidad intelectual o ACI no es profundamente distinta a la de otra persona con una inteligencia promedio. Y probablemente sea cierto; aunque en la práctica se observe que ciertas características se dan con mayor frecuencia en las personas muy inteligentes (por ejemplo, el bajo gregarismo o la elevada intensidad emocional, entre otros). De hecho, el modelo de la personalidad más aceptado y con mayor consenso en el mundo, el Big Five o modelo de los Cinco grandes (G. Allport, y Odbert, H. S., 1936) describe bastante bien a todas las personas en general a través de cinco grandes rasgos de la personalidad: Neuroticismo, Extraversión, Apertura, Afabilidad y Responsabilidad.

Pero entonces, ¿por qué una explicación sobre la formación de la personalidad habría de dar alguna respuesta a las personas superdotadas o talentosas? Pues es aquí donde entra en juego una teoría fascinante y, a su vez, muy desconocida fuera del ámbito académico, a saber, la Teoría de la Desintegración Positiva de Dabrowski. Para entenderlo, comencemos explicando qué es la personalidad.

Personalidad

El término personalidad procede etimológicamente de la palabra latina persona, que hacía referencia a las máscaras que los actores empleaban en las representaciones teatrales. Según la máscara empleada, el público se formaba una idea del carácter y de cómo se comportaría ese personaje. Resulta llamativo que muchas personas superdotadas digan estar hartos de no poder ser ellas mismas, de llevar una máscara siempre, de vivir disfrazadas para pasar desapercibidas, para no ser diana de comentarios malintencionados o no ser señaladas y aisladas socialmente.

Existen numerosas definiciones de personalidad, si bien se entiende mayoritariamente como un patrón transituacional de comportamiento, pensamiento y emoción relativamente estable en el tiempo, que explica cómo percibimos la realidad, los juicios que hacemos de ella o la manera en que interactuamos con el medio, siendo en parte heredada y en parte adquirida y posteriormente moldeada mediante la experiencia vital.

Para Pervin (Pervin, 1988, pág. 444), “la personalidad es una organización compleja de cogniciones, emociones y conductas que da orientaciones y pautas (coherencia) a la vida de una persona. Como el cuerpo, la personalidad está integrada tanto por estructuras como por procesos y refleja tanto la naturaleza (genes) como el aprendizaje (experiencia). Además, la personalidad engloba los efectos del pasado, incluyendo los recuerdos del pasado, así como construcciones del presente y del futuro”. Esta definición es especialmente interesante porque describe la complejidad del constructo de la personalidad, encaja en el actual paradigma biopsicosocial de la salud y alude a las “construcciones” que la mente produce, es decir, algo muy cercano al medio interior dabrowskiano o inner psychic milieu (Dabrowski, 1964) y que se dan con gran riqueza entre las personas con sobredotación intelectual -¿cuánto tiempo pasan viviendo en el pasado o en el futuro, es decir, en sus “construcciones”, en sus ensoñaciones, en su mundo interior, en lugar de en “el aquí y el ahora”?-.

La Teoría de la Desintegración Positiva

El psicólogo y psiquiatra polaco Kazimierz Dabrowski (1902–1980) se preguntó por la explicación a las diferencias individuales que observaba en las personas que acudían a su consulta, en la revisión de otros casos clínicos y en personas famosas por sus logros. Descubrió que algunas tenían mayor predisposición que otras a experienciar la vida de forma más intensa y tener crisis más severas y frecuentes, de forma que la presencia de una sensibilidad muy elevada combinada con estas crisis profundas suponían un plus en la oportunidad de desarrollo hacia niveles más avanzados de la personalidad. En 1964, Dabrowski lanzó su Teoría de la Desintegración Positiva o TPD como explicación a ello.

Para Dabrowski, la conformación de la personalidad es una progresión desde un nivel primario o primitivo hasta un nivel cumbre de máxima integración o de ideal de personalidad (supone la experiencia armoniosa del individuo, encontrándose en paz consigo mismo y en fusión con los valores humanos universales y, por tanto, en su más elevada forma de empatía, autonomía y autenticidad) a través de una secuencia de crisis vitales que él denomina desintegraciones y que responden a conflictos internos y externos que conllevan sufrimiento para la persona. Este sufrimiento psíquico se expresa en forma de afecto negativo como desamparo, tristeza, sensación de vacío, pérdida de motivación, de interés, culpa, ansiedad, angustia e ideas de autodestrucción, entre otras, que ponen en riesgo la salud mental e incluso la vida de las personas que lo padecen y que en las consultas de salud mental son tomados como síntomas de enfermedad que debe ser “curada” para que la persona pueda tener una vida “normal”. Dabrowski puso el énfasis en que la salud psicológica es una función del desarrollo multinivel y que los superdotados y los talentosos muestran desproporcionadamente este proceso de desintegración positiva y crecimiento personal porque son propensos a esta experiencia.

El grado en que se produce esta desintegración positiva depende de un cierto potencial para su logro, pero también de unos dinamismos (una suerte de rasgos o disposicionales mentales con base cognitivo-emocional) que despliegan ese potencial de desarrollo.

Potencial de desarrollo

El potencial de desarrollo de un individuo es “la dotación original que determina el nivel hasta el que un sujeto se desarrolla si las condiciones físicas y sociales son óptimas” y está compuesto por tres factores:

  • Primer Factor: Herencia o rasgos genéticos y físicos permanentes del individuo (p.ej. inteligencia, sobreexcitabilidades, talentos especiales, temperamento, etc.).
  • Segundo Factor: Ambiente, es decir, las posibilidades que el entorno social proporciona al individuo para su desarrollo.
  • Tercer Factor: Factor autónomo, conjunto de fuerzas y procesos autónomos (p. ej., consciencia, conflicto interno, autodeterminación) que el individuo presenta hacia un desarrollo propio.

En el primer factor se ha mencionado un concepto nuclear del potencial de desarrollo, a saber, las sobreexcitabilidades, que forman parte fundamental de la evaluación cualitativa de la alta capacidad y que explicamos a continuación.

Sobreexcitabilidades (OE)

Dabrowski (1972) definió las sobreexcitabilidades como “una responsividad a los estímulos superior a la media, manifestada por la excitabilidad psicomotora, sensual, emocional, imaginativa o intelectual” (p. 303). Estas sobreexcitabilidades son un modo de entender y responder al mundo (Piechowski, 1979) y un componente crítico del modo cualitativamente diferente en que las personas superdotadas experimentan el mismo.

“Se puede decir que alguien que manifiesta una determinada forma de sobreexcitablidad, y especialmente aquel que manifiesta varias formas de sobreexcitabilidad, ve la realidad de una manera diferente, más intensa y con más caras. La realidad de un individuo tal no solo no le deja indiferente sino que le afecta profundamente y proporciona impresiones que dejan huella a largo plazo. La excitabilidad aumentada es un medio para unas interacciones más frecuentes y un más amplio rango de experiencias” (Dabrowski, 1972, p.7).

Se describen a continuación algunas formas en que pueden expresarse las sobreexcitabilidades:

Psicomotora: Gran energía física, habla rápida o compulsiva, hábitos nerviosos y tics, acciones impulsivas, marcada competitividad, adicción al trabajo, inquietud motriz, potencial tendencia a la automutilación.

Sensitiva: Necesidad de tocar y ser tocado,  deleite estético, comer demasiado, sensibilidad a estímulos sensoriales (p.e. ruidos, luces, etiquetas de la ropa, tejidos), necesidad de confort, experiencias sexuales variadas, necesidad de atención y compañía, disgusto por la soledad, a veces numerosas relaciones superficiales.

Imaginativa: Asociación de imágenes y sensaciones, inventiva, intuición y elevada consciencia, uso de la imagen y la metáfora en la expresión verbal, visualización interior vívida y animada, pesadillas, mezcla verdad y ficción y miedo a lo desconocido.

Intelectual: Persistencia en formular preguntas, avidez de conocimiento, observación entusiasta y habilidades analíticas, capacidad para una concentración intensa, pensamiento teórico y preocupación por los problemas de igual índole, predilección por la lógica, intolerancia a la imprecisión o los errores.

Emocional: Fuerte apego a personas, seres vivos, cosas o lugares, inhibición (timidez), excitación (entusiasmo), robusta memoria afectiva, preocupación por la muerte, miedos, ansiedad y depresiones, sentimientos de soledad, necesidad de seguridad, interés por los otros, relaciones exclusivas, dificultad de ajuste a nuevos entornos.

La mayoría de las investigaciones que se han llevado a cabo sobre las excitabilidades han demostrado que la OE emocional, normalmente en combinación con una OE intelectual muy fuerte, es lo más significativo para indicar un fuerte potencial para el desarrollo avanzado (Lysy y Piechowski, 1983). Además, las OE intelectual en conjunción con la imaginativa son las que más correlacionan con la superdotación.

Niveles de Desarrollo Positivo y Dinamismos

Dependiendo de la intensidad con que se den las sobreexcitabilidades (primer factor del potencial de desarrollo) y el grado en que el individuo consiga desarrollarlas y ajustarlas al medio (segundo factor) a través del factor autónomo (tercer factor), la persona podrá alcanzar niveles inferiores o superiores en el proceso de desintegración positiva y, con ello, en el desarrollo de su personalidad.

La Teoría de la Desintegración Positiva señala que el desarrollo de la personalidad se representa a través de cinco grados evolutivos o niveles, en cada uno de los cuales existen (o no) ciertos dinamismos que, en interacción con el mencionado potencial de desarrollo, produce las desintegraciones, o sea, los procesos durante los cuales la estructura de la personalidad presente es reemplazada por estructuras de personalidad más desarrolladas:

NIVEL 1: INTEGRACIÓN PRIMITIVA O PRIMARIA

En este nivel prevalece el egocentrismo, careciendo de capacidad de empatía, de autocrítica y de autorresponsabilidad. Las personas que se encuentran en este nivel utilizan las cosas y las personas a su alrededor para alcanzar sus objetivos. Los individuos adultos que se encuentran en este nivel lo único que persiguen en la sociedad es el propio placer, el dinero, el poder, incluso por medios despojados de ética.

Dinamismos nivel 1: No existen dinamismos de desarrollo como tales salvo algunos “ecos inconsistentes” de dinamismos superiores.

NIVEL 2: DESINTEGRACIÓN MONONIVEL

En este nivel el individuo está influenciado principalmente por su grupo social y por los valores dominantes en los que, de alguna forma, cualquier cosa vale. Sin embargo, por vez primera surgen conflictos internos entre sus tendencias egocéntricas y los valores de los demás. Suelen mostrar emociones ambivalentes y una conducta indecisa porque todavía no tienen desarrollado su propio conjunto de valores. Busca aceptación de su grupo de referencia de valores, entre iguales. El conflicto surgido provoca sufrimiento y se necesitan recursos interiores o potencial de desarrollo para transformarse hacia el siguiente nivel.

Dinamismos nivel 2: Los principales dinamismos son ambivalencia y ambitendencia, comienzo de la vergüenza, ajuste temperamental e identificación con los demás extrema y cambiante.

NIVEL 3: DESINTEGRACIÓN MULTINIVEL ESPONTÁNEA

Existe insatisfacción con lo que uno es frente a lo que uno podría y debería ser, o sea, la personalidad ideal. Esta lucha interna entre lo más elevado y lo más bajo puede estar acompañado de ansiedad y depresión, de una angustia existencial y de sentimientos de insatisfacción con el self. Es el nivel del cúmulo de emociones.

Para Dabrowski, las personas situadas en el segundo nivel están satisfechas con los valores dominantes de la familia, la iglesia y la sociedad en general, pero en este tercer nivel el individuo siente en su mente y en su alma una gran inquietud por entender, como un gran interrogante sin responder que sacude su vida y le acucia, planteándose y procesando cuestiones profundas y existenciales cuya falta de respuestas satisfactorias resulta angustiosa.

Dinamismos nivel 3: Jerarquización, inquietud, insatisfacción con uno mismo, sentimientos de inferioridad, asombro, vergüenza y culpa, desajuste positivo y empatía.

NIVEL 4: DESINTEGRACIÓN MULTINIVEL ORGANIZADA

Aquí el individuo ya está en camino de la autoactualización. Ha encontrado un camino para alcanzar sus propios ideales y son líderes efectivos. Muestran altos niveles de responsabilidad, autenticidad, juicio reflexivo, empatía hacia los demás, autonomía de pensamiento para la acción, autoconsciencia y otros atributos asociados a la autoactualización.

Dinamismos nivel 4: Aquí el dinamismo central es el “tercer factor” junto con la transformación psíquica interior, la autoconciencia, el autocontrol, el instinto creativo, la autoeducación, la autopsicoterapia, la identificación multinivel, la autoaceptación, la total empatía hacía los otros, responsabilidad, autonomía, autenticidad, personalidad ideal e instinto creativo.

NIVEL 5: INTEGRACIÓN SECUNDARIA

En este nivel se ha alcanzado el dominio de sí mismo y el “ideal de personalidad”. Los conflictos interiores del self han sido resueltos a través de la consecución de dicho ideal. La desintegración ha trascendido por la integración de los valores e ideales de uno mismo en la propia vida y ser. Se vive la vida en servicio a la humanidad de acuerdo con los más elevados y universales principios de amor y consideración hacia el valor del ser humano como tal. Para Dabrowski, no solo es este el más alto nivel en el que apenas existen individuos que lo alcancen, sino que la mayoría permanece toda su existencia en la integración primaria.

Dinamismos nivel 5: Los dinamismos existentes en el nivel anterior de empatía, responsabilidad, autonomía, autenticidad y personalidad ideal se convierten en fuerzas directrices del desarrollo (Dabrowski y Piechowski, 1977).

Sé autoconsciente, autodirigido/a y autodisciplinado/a

En definitiva, la Teoría de la Desintegración Positiva de Dabrowski es una potente herramienta psicoeducativa para el counseling y el desarrollo de las personas con altas capacidades, pues les permite obtener un autoconocimiento que puede ser empleado como motor para su propio crecimiento personal, reduciendo la incertidumbre y, con ello, la ansiedad que supone otorgar la sintomatología que muestra a problemas imaginados distintos (a menudo más graves) que los que realmente tiene. La conformación de la personalidad es como “subir una escalera”, una progresión desde un nivel primitivo o primer peldaño, hasta un nivel cumbre de máxima integración o de ideal de personalidad a través de una secuencia de crisis vitales que Dabrowski denominó desintegraciones y que responden a conflictos internos y externos que conllevan un sufrimiento (en ocasiones severo) para la persona. Este sufrimiento psicológico se expresa en forma de emociones negativas y sus correspondientes conductas no adaptativas que ponen en riesgo la salud mental e incluso la integridad física de las personas que lo padecen. Dabrowski subraya que las personas con altas capacidades muestran desproporcionadamente este proceso de desintegración positiva y crecimiento personal.

El desarrollo avanzado está caracterizado por un sentido no solo de la responsabilidad de la propia conducta, sino sobre todo del propio desarrollo. Para conseguirlo, el adulto superdotado o talentoso tiene que ser capaz de ser autoconsciente, autodirigido y autodisciplinado para superar y reconducir los otros dos factores que influyen en el desarrollo, a saber: la genética y el entorno.

El consejo psicológico y psiquiátrico experto a las personas muy inteligentes permite ayudarles a ver sus sobreexcitabilidades y desintegraciones como características positivas -y no como síntomas de enfermedad mental-, y fomentar que tomen en sus manos las riendas de su crecimiento personal. El conflicto se analiza como una vivencia positiva que, bien enfocado, puede servir de acicate para alcanzar niveles de desarrollo superiores en los que la tensión disminuye para dejar paso al ideal de personalidad, es decir, a la autorrealización.

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